jueves, 16 de junio de 2011
Nubes de moras
miércoles, 15 de junio de 2011
El silencio entre las olas

Al igual que en el internet, en el teatro no existe el día que de vida a la noche, el tiempo trascurre sin detenerse a causa de ese tipo de diferencias que al final no repercuten en el transcurso de los sonidos, de los silencios.
Solemnidad es lo que le falta a los locos, alguien que dudase si es de noche en pleno medio día se le podría llamar loco o despistado o ciego o hipnotizado por las luces que engañan a sus ojos y no le avisan con tiempo preciso a su mente que las horas trascurren y que cambian de posición los astros que un día, o noche, iluminaron su nacimiento anocheciendo su guarida natal.
El silencio es al sonido, lo que la sombra es a la luz, ese instante previo al origen del universo.
El silencio surge del ruido de las olas, de la inmensa fuerza que emana de las espesas masas de líquido vital que a su vez callan por respeto ante la venida de la vida en la avenida de los mares, ríos o vientres en donde el silencio forme torrenciales olas.
Miedo de saberse oscuras sin la protección que da la luz, en cualquier momento todo puede suceder, un suspiro al oído y miles de bellos se alertaran. Todo está tranquilo, que es el teatro si no la convención de unos y otros, las actrices, los y las espectadores. La música crea y destruye ambientes, es cómplice de la complejidad de los movimientos como el aire de los pulmones.

No hace falta explicar nada, cada cosas es en el instante la complejidad de quien la entiende o no la entiende, los objetos tiene conciencia propia, un títere, un maniquí vestido de con un traje de novia, de muerta, también es un ser racional, que piensa y pone a pensar hasta la mente mas distraída por las luces que cambian de color de verde a rojo, de azul a blanco. La danza es teatro y el teatro es danza, pone a pensar a quien lo observa, ya sea con los ojos cerrados o los oídos destapados.

¿El objeto es para la actriz o la actriz es para el objeto? Ambos se complementan sin dejar de ser uno ni otro, al menos esa es la interpretación que le da un escenario cubierto por una telaraña, la acción, una tela que es colgada con ganchos de madera, allí es cuando se funde el objeto inerte y la masa orgánica, en la “acción”. El títere adolece de dedos que aprieten como los dedos de la actriz.
Son los dedos lo poético en acción, no importa si son de látex o de pedazos de universo, de color amarillo como el canario o rosa como mi abuelita, ellos cantan para cambiar de color al mundo.
